En Nueva York se juega donde se puede. En una cancha de césped artificial encajada entre dos edificios, bajo un puente, en una azotea. La ciudad tiene dos clubes de MLS, el NYCFC y los Red Bulls, y la final del Mundial 2026 se jugó justo al lado, en el MetLife Stadium. Pero el fútbol neoyorquino es sobre todo un grupo de amigos de diez países distintos, un martes por la noche, en algún rincón de Queens.